Los tamborileros del barrio.

Escuchar el tamborileo del picapinos en plena ciudad de Madrid, aunque no sea en un barrio céntrico, es una novedad para mí.


En noviembre de 2013, apenas podía creerlo cuando me despertaba con el inconfundible repiqueteo de un pájaro carpintero a corta distancia de la ventana.



Un año después, en noviembre de 2014, de nuevo se les vuelve a oir, aunque suenan tímidos generalmente. En octubre sólo los escuché en una ocasión, y durante todo el verano igualmente sólo un día, ya en mayo se hizo más raro oírlos. A mediados de noviembre pude ver dos volando juntos, rápidos, entre los chopos, siguiéndose en cortos vuelos de ida y vuelta.



En el vídeo se ve como el macho y la hembra tamborilean desde el mismo punto, aunque en distintos días.


Los he visto y oído en otros jardines cerca de casa, no me refiero a parques, y en plena calle. Esta primavera, gracias a mi padre, localicé un nido ocupado. Creo que se trata de una colonización relativamente reciente, posterior a la de los pitos reales, la otra especie de pájaro carpintero habitual en Madrid y que me parece que está mucho más extendido.


En febrero los tamborileos, que también se han escuchado durante el invierno, se intensifican, les dedican mucho tiempo, se aproxima la época de cría y es fundamental tanto defender el territorio como atraer a la pareja. En ocasiones, macho y hembra tamborilean  respondiéndose desde puntos a corta distancia. Recuerdo el día que vi a la hembra repiquetear en el apoyo metálico de una antena del edificio de enfrente. Pude grabar unas imágenes y aunque no se la oye, la podéis ver en el siguiente vídeo. En el vídeo recopilo diferentes momentos de tres días de febrero y marzo, incluyendo tamborileos de respuesta, subid el volumen de audio.

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Tan raro como un zorro pescador: el conejo desorejado y el conejo negro.

28 de julio de 2013. Monte de El Pardo.

Casi mediodía, pleno verano, un zorro camina por la orilla del embalse, cruza un poco de agua y llega a una lengua arenosa. No entiendo, se ha puesto al acecho, atento, extremidades flexionadas. A unos metros hay unos patos, fuera del alcance y mas curiosos que preocupados. De pronto salta al agua, se lanza alto y cae de una panzada. Sale enseguida. Sigue por la orilla y al poco salta de nuevo al agua, esta vez sí, rápido sale con un gran pez en la boca, pienso que puede ser barbo más que carpa, se aleja del agua y le pierdo bajo unos fresnos.

Esto no me lo esperaba, no tanto un oportunista como un pescador de éxito, pues no se trata de peces atrapados en un charco. Sorprendente.

No tengo imágenes de unos hechos observados a larga distancia. Más habitual es encontrarse con zorros a la caza de pequeñas presas, pequeños roedores o invertebrados, como aquel zorro de otóño en el prado o este otro en una agostada pradera al amanecer


28 de agosto de 2010. La Adrada.

Casi justo un mes después, a última hora de la tarde no es un zorro el que llama mi atención


Conejo melánico. 27 de agosto de 2013. Colmenar Viejo.

parece jovenzuelo, vigila y aguanta delante del zarzal al que corren sus hermanos.No es del todo raro observar conejos negros, para mi era la primera vez.

En el caso de los lagomorfos hay otro fenómeno que me llama mucho la atención: los conejos sin orejas

9 de agosto de 2011. Colmenar Viejo.

Tengo dos observaciones y los comentarios de algún cazador que las ratifican. Curiosamente la segunda cita corresponde también a un 9 de agosto, justo dos años después de la primera. Anoté en el cuaderno: cruza el camino, las dos orejas muy cortas, a la misma altura, sólo unos 2 cm. de largo (aparentemente pues fue una visión fugaz).

No sé si son cosas de la genética, como el caso del melanismo, el resultado de las peleas de los machos, de accidentes o encuentros con depredadores, o de posibles enfermedades. Si alguién sabe la causa agradeceré sus explicaciones. P.S. 21-7-2020. Leo que las parasitaciones intensas de garrapatas en las orejas de los conejos pueden ocasionar necrosis, lo cual podría explicar la perdida de pabellón auricular.

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Fin del verano. 2014.

20 de septiembre de 2014, Colmenar Viejo.

Tengo casi tres horas de caminata por delante, mi objetivo no es ver pájaros, pero es imposible no verlos. Pocas veces he visto tantos pajarillos de paso como en esta ocasión. El cielo no se decidía a dejar algún chaparrón y al final fue aclarando. La mañana estaba estupenda, transparente y sin viento. De inmediato los papamoscas, sobre todo cerrojillos (Ficedula hypoleuca), mucho menos los grises (Muscicapa striata) y enseguida no sé cuales fueron primero, tarabillas norteñas (Saxicola rubetra) o colirrojos reales (Phoenicurus phoenicurus).

Papamoscas gris

Tarabilla norteña

Colirrojo real, macho joven
No, a los colirrojos seguramente no los había visto antes en estos números, machos, adultos y jóvenes, hembras, sus persecuciones en cada zarzal. Más adelante aparecieron las collalbas grises (Oenanthe oenanthe) y las lavanderas boyeras (Motacilla flava). Algún mosquitero y por supuesto varias currucas, no quise entretenerme con ellos, pero pude distinguir bien algunas currucas zarceras (Sylvia communis).

Lavandera boyera venida del norte
Un alcaudón sí consiguió que me centrara, aunque me despistó rápidamente, pensé que no había visto bien, que tal vez fuera un papamoscas, pero poco después me tope con él otra vez, o con otro, no había duda, un joven alcaudón común (Lanius senator), este sí que es el último del año. Del resto de especies todavía seguiremos viéndolos durante algunos días o semanas, pero en números más discretos cada vez. Tienen por delante un largo vuelo hasta atravesar el Sáhara.

Alcaudón común joven

Golondrinas comunes
Pasan unas golondrinas comunes (Hirundo rustica) y veo fugazmente algún vencejo junto a un águila calzada (Hieraaetus pennatus). A cien metros levanta el vuelo otra águila calzada, de plumaje blanco, lleva en las garras un estornino escamoteado al bando, se aleja cuando cae sobre ella la primera, empeñada en apropiarse de la presa, la persecución es espectacular. La cazadora no suelta el estornino. Las dos rapaces parecían aves gemelas, sus plumajes nuevos, a veces como un espejo una de la otra, casi sincronizadas hasta el momento del desenlace.

Aguila calzada y vencejo

Aguila calzada
Fueron los últimos instantes del verano, de multitudes que nos abandonan hasta el próximo año. Hoy, 24 de septiembre, he tenido oportunidad de pasar el rato mirando currucas desde la ventana de casa. Anoche llovió flojo, llegó el otoño, y por la mañana los chopos tenían un movimiento no habitual. Ha sido un placer tener a la vista grupitos de currucas capirotadas (Sylvia atricapilla), machos y hembras, y junto a ellas, currucas mosquiteras (Sylvia borin) e incluso al menos una curruca zarcera. Todavía veo algunos papamoscas cerrojillos y mosquiteros musicales (Phylloscopus trochilus). En pleno Madrid.

Papamoscas cerrojillo
Curruca mosquitera, en unos olmos de falso aspecto otoñal, comidos por la galeruca.
Curruca capirotada hembra, esta mañana.
Toro, testigo de mis andanzas
PD. Todas las fotos de los dos días citados salvo las golondrinas.

Doñana 2010. La Laguna del Acebuche.

En septiembre de 2010 visitamos la costa de Huelva. Una tarde nos acercamos a Doñana y terminamos en los observatorios de la Laguna del Acebuche. Nos gustó y a los pocos días repetimos, ¡cómo no!, la berrea de los ciervos ha comenzado, algunas aves recién llegadas, otras que se preparan para irse y las que se quedan, todas compartiendo el reducido encharcamiento que ha sobrevivido a la calor, y la sensación de que cualquier cosa puede suceder.

Las ciervas se acercan a los pastos verdes de las orillas,

las espátulas, noveles y adultas, hacen acopio de calorías y proteínas para su salto a África en excitados corros, y las garcetas acuden, saben bien que a río revuelto ganancia de pescadores. También es llamativo el bando de estorninos, su forrajeo algo frenético y sus baños multitudinarios, pero apenas prestamos atención. Apartados de las multitudes también hay sitio para los brillantes martines pescadores, los andarríos, archibebes, chorlitejos, agachadizas, o los calamones que se mueven entre la vegetacion. Los hay que dedican su tiempo al descanso, como alguna espátula, patos y zampullines,
Agachadiza común

o como los galápagos que se solean sobre curiosas plataformas estratégicamente situadas delante de los observatorios. En realidad se trata de asoleaderos instalados al efecto por el personal del Parque Nacional que permiten la detección de los galápagos exóticos, y en efecto en uno de ellos, junto a un galápago leproso (Mauremys leprosa) autóctono,

aparece un galápago de Florida,


mientras en otro se aprietan un galápago leproso y un ejemplar del más escaso galápago europeo (Emys orbicularis), el de la izquierda. Algunos asoleaderos están provistos de una trampa.

Hasta última hora no se deja ver algún ciervo dispuesto a ganarse a sus hembras

Hay ocasiones en que la naturaleza se muestra tan bulliciosa que es difícil centrarse durante la observación. En los humedales esta exuberancia vital no es rara, y Doñana es un inmejorable ejemplo.


. Música de Radio Interior Fusion: "The route of the explorers".

El nido del chorlitejo

Madrid, 17 de junio de 2013

La pequeña charca en la que hace unas semanas encontré a la pareja de chorlitejos chicos (Charadrius dubius) está practicamente seca. Me acerco pensando que los chorlitejos se habrán mudado. De lejos, en el barro seco me llama la atención una cigüeñuela solitaria, entonces descubro al chorlitejo. Se acerca a la cigüeñuela, algo agachado y encorvado, se detiene, no sé si mi presencia ha inhibido una posible agresión. Estaba defendiendo su nido. Se trata del macho, que ha vuelto al nido, casi invisible. Me ha parecido ver tres huevos. La segunda vez que se acerca la cigüeñuela no se levanta, esta vez prefiere agacharse, aunque no hay duda que la pequeña zancuda le tiene localizado.

A poca distancia la hembra se dedica a capturar pequeños invertebrados, y curiosamente el macho también come, al principio desde el mismo nido, pero luego se levanta y se aleja picoteando, no tarda en volver.



El chorlitejo chico es un limícola, un amplio grupo de aves, que como su nombre indica viven en el limo y por tanto asociadas normalmente a zonas húmedas. Los chorlitejos pertenecen a la familia Charadriidae (Chorlitos) igual que por ejemplo las avefrías.

Acostumbran a vivir en tierras desnudas, a veces baldíos alejados del agua, pero más habitualmente en orillas arenosas de ríos o sobre los limos de zonas encharcadas como en este caso. El nido no es más que una pequeña depresión y normalmente ponen 4 huevos.

Aunque no lo parezca su tamaño es poco mayor que un gorrión, nada más nacer los pollos siguen a sus padres, son diminutos, y tanto estos como antes los huevos, están expuestos a muchos peligros.

Estas aves, como muchas otras que anidan en el suelo o que tienen pollos precoces, muestran valientes comportamientos de distracción para proteger sus nidos o a su familia. Así los chorlitejos pueden corretear de un lado a otro dejándose ver, moviendo la cola o la cabeza, o pueden volar alrededor del intruso, o incluso pueden simular un ala rota para atraer al depredador. Su mejor defensa siempre será la invisibilidad.

Os dejo un enlace con un pequeño fragmento de un documental sobre "el pájaro invisible": http://www.youtube.com/watch?v=_ZBKHmysXyU

Para no ponerlos en peligro, si encontramos un nido o nos encontramos con los pollos, lo mejor es ser discretos y alejarnos.

De pájaros, bichas y otros bichos.

Sierra Norte de Madrid, 14 de abril de 2007

Para alimentar este blog he decidido recurrir a mi archivo fotográfico. He buscado un día de abril y me he encontrado con uno del 2007. Después de ver las fotos he repasado las notas que tomé. Las observaciones, como suele ser habitual en mi caso, se corresponden principalmente a las aves. Entonces andaba entretenido en apuntar bien cada localización para la elaboración de un atlas de aves de Braojos. Aquella jornada fue entretenida, un soleado día de principios de primavera, como los de ahora mismo.

Anoto 34 especies de aves en un recorrido por áreas abiertas, pastos y algunos prados con rebollos. Amanecía cuando observé una pareja de mirlos, el macho con las alas ligeramente abiertas y caídas, algo inclinado, en la rama de un roble hasta que baja a la pared del prado, con la hembra, una cópula rápida y el macho se separa, a un metro de la compañera, todavía excitado, inclinado, alas algo caídas y plumas de la base de la cola erizadas, se le acerca la hembra y vuela. También una hembra de curruca capirotada parece invitar a su pareja a la cópula, levanta la cola, baja la cabeza, pero cuando se acerca el macho vuela, y los pierdo entre una maraña de ramas. No todo son cantos y amores, una totovía, la alondra de los bosques, anda ocupada con la crianza, la veo llevar comida en el pico para los pollos.

Sólo veo un par de rapaces, un milano negro de patrulla y un fugaz gavilán, pero tuve la suerte de levantar dos liebres, y antes, a media mañana, un zorro cruzó un prado a la carrera. La zorra por estas fechas está parida, en plena lactancia. Una madriguera como la de la foto será elegida para el cuidado de la prole.

Una de las cuatro bocas de la madriguera que encontré aquel día.

Muy cerca de la zorrera una culebra bastarda (Malpolon monspessulanus) se solea a la entrada de su refugio.


Culebra bastarda

Tras un largo invierno la vida a ras de suelo se vuelve a animar:

Oedionychus cinctus. Escarabajo crisomélido.

Una rápida toma de contacto. Los dos parecen llevar avisos corporales: "soy tóxico"

Oruga pendiente de identificación.

con flash

y al natural

Grillo

Carraleja

Pieris napi

Lythria cruentaria

La mosca amarilla del estiércol, Scathophaga stercoraria, es una mosca muy común. Su nombre científico da alguna pista sobre su forma de vida, pero en realidad estas moscas son depredadoras, capturan pequeños insectos. Serán sus larvas las que se alimenten de los excrementos del ganado, por esa razón las moscas acuden a estos para reproducirse. Ahí los machos esperarán la llegada de las hembras. En la espera capturarán otras moscas, de otras especies, pero si escasean otras presas practicarán el canibalismo.

Vemos como el macho agarra a la hembra durante la puesta. Seguramente no se separó de ella después del apareamiento para asegurarse la paternidad.

Como depredadora y descomponedora de estiércol juega un importante papel ecológico en nuestros campos.

De ahora mismo, de este mes, seis años después de aquel día de campo, tengo este vídeo de otra culebra bastarda. Una tarde soleada, cruzando una cañada. Grande, supera el metro y medio, y muestra una coloración típica del macho, con una mancha negruzca que rodea el dorso por detrás de la cabeza. Esta "mancha en silla de montar" sólo muy rara vez aparece también en hembras viejas.


Después de acosarla unos minutos cámara en mano y ver su comportamiento defensivo, dejé que se perdiera entre el pasto alto al otro lado del camino.

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Doñana, febrero 2013, último día.

15 de febrero, El Rocío.

El último día en Doñana no me costó nada madrugar de nuevo. Sólo me quedaban unas pocas horas para disfrutar de la marisma. De nuevo con las garcetas, los patos cucharas, los moritos, que serán abundantes aquí, pero a saber cuando volveré a verlos y tan bien.

Morito (Plegadis falcinellus)

Las espátulas descansaban lejos y los flamencos tampoco se acercaron, pero como novedad pude ver una garcilla cangrejera. Además se dejaron ver muy bien una pareja de ánades rabudos y algunas agujas colinegras alimentándose cerca de la orilla.

Este es el vídeo de aquella mañana.


Las especies protagonistas, más visibles, por orden de aparición: morito (Plegadis falcinellus), espátula (Platalea leucorodia), flamenco común (Phoenicopterus ruber), garcilla cangrejera (Ardeola ralloides), aguja colinegra (Limosa limosa), cuchara común (Anas clypeata), garceta común (Egretta garzetta), ánade rabudo (Anas acuta). Como secundarios garza real, ánade azulón, avefrías, cigüeñuelas y fochas.

   Garceta común (Egretta garzetta). A principios del siglo XX el comercio de sus plumas llevaron a las garcetas cerca de la extinción. En Norteamérica las garcetas se convirtieron en el símbolo del movimiento de conservación.

La garceta lucía una blancura espectacular, preparada para el cortejo. Las espátulas presentaban igualmente su plumaje nupcial, con sus graciosas crestas. Sin embargo la garcilla cangrejera que aparece al principio del vídeo, mostraba un plumaje de invierno, listado, sin desarrollar todavía la larguísima cresta de plumas ornamentales que lucirá en primavera. Esta garcilla solitaria, al parecer ha pasado el invierno en la marisma, a pesar de ser una especie estival migradora, y ahora espera la vuelta de sus congéneres. Será que faltó a clase el día que explicaron que era eso de la migración o tal vez le guste demasiado Doñana como para marcharse, normal, incluso algunas golondrinas deciden quedarse por allí en invierno.

Cuchara común (Anas clypeata)

Un buen número de patos cucharas pasan el invierno en la península, al acercarse la primavera volarán a sus tierras de origen. En España, en el límite de su área de distribución, tan solo unas 200 parejas permanecen durante todo el año y se reproducen. Es una especie presente en gran parte de Europa, Asia y Norteamérica. En Europa sus principales áreas de cría están en el norte y este, con las mayores poblaciones en Rusia. Tiene una dieta variada pero principalmente planctónica. Con su especializado pico filtra la superficie del agua capturando pequeños invertebrados (insectos y sus larvas, moluscos y crustáceos). También se alimenta de semillas y plantas y puede capuzar cola arriba buscando en el fondo como hacen otros patos.

Es curioso ver como a menudo se alimentan de forma cooperativa, nadando en círculos, en corros, así cada pato va removiendo el lodo que va filtrando el siguiente ave. Aunque es un comportamiento fácil de observar no he tenido oportunidad de grabarlo. En el vídeo se puede ver como los ánades rabudos remueven el fango del fondo con las patas para levantar las partículas de alimento que luego van filtrando, y a veces lo hacen en pareja, cabeza con cola, en lo que parece un comportamiento cooperativo similar.

Ánade rabudo (Anas acuta)

Los ánades rabudos no son unos invernantes tan abundantes en la península como los cucharas (en censos antiguos se contaron unos 25.000 rabudos invernantes frente a 145.000 cucharas). Su área de distribución es similar, y en primavera sólo un centenar de parejas criarán en España, siendo las marismas del Guadalquivir la zona de reproducción más importante. Es de dieta más vegetariana, aunque en primavera y verano ingiere también invertebrados e incluso anfibios y pequeños peces. En Europa también tiene las mayores poblaciones en Rusia.

Aguja colinegra (Limosa limosa)

La aguja colinegra es la única de las especies del vídeo que no cría en España, aunque lo ha hecho en el pasado reciente de forma esporádica, con un censo de unas 10 parejas apenas. Su área de distribución en época reproductora es bastante similar en Europa a la de los dos patos anteriores, aunque no se extiende tanto por Asia y no aparece en norteamérica. En Doñana pasan el invierno unas 24.000 agujas colinegras de media.

Como veis hablar de Doñana es hablar de grandes cifras, miles y miles de aves, miles de hectáreas, miles de visitas, de especies espectaculares y poco comunes, tantas imágenes para recordar. He sido ciertamente injusto a la hora de resaltar algunas especies con fotos e información añadida, todas se merecerían un pequeño apartado al menos, desde las pequeñas tarabillas a las águilas imperiales que sólo pude ver a lo lejos, aunque de todas ellas me quedo con el pájaro moscón. Conseguir grabarle en los vídeos que aparecen en el post anterior me hizo tanta o más ilusión que las grabaciones de cigüeñas negras o  la lechuza campestre, y la dificultad y el "sufrimiento" tratando de obtener el mejor resultado posible fue superior. Espero algún día poder contaros más de ese pajarillo tan particular.

Y ahora sólo me queda una cosa que decir, para una persona especial, de nuevo soy feliz de poder dedicarte en este día esta entrada, el vídeo y también el de los simpáticos pájaros moscones, que sé que tanto te gustan. Un beso pequeña.