Cuando me ven

Lo habitual es observar como la fauna huye en cuanto aparezco, o ni siquiera eso pues desaparecieron antes. Aunque normalmente trato de pasar desapercibido, muchas veces me siento como elefante en una cacharrería, demasiado grande y torpe. Está claro que en medio de una rastrojera no es fácil volverse invisible.



Otras veces las distancias son tan cortas que nada más asomar un pelo te han descubierto.



Pero qué hacer si has conseguido ser lo suficientemente discreto como para despertar la curiosidad de algún incauto.

Trece kilómetros. Más caminos viejos.

18 de enero de 2017. Sierra de Guadarrama

En realidad son más de trece kilómetros, y en realidad no importa cuántos sean, pocos, pero los suficientes como para sentirlos no sólo en los pies, los suficientes para embaucar a una mente que insiste en recordar sus orígenes.


Empieza el camino de nuevo.

 Han sido pocos los días de helada este invierno.




 A pesar de la potente cencellada se observaban piquituertos y un bando de pinzones, también algunos jilgueros.


 Hasta que no siento un fuerte dolor en las manos no me doy cuenta de que se me están congelando.


   El hielo forma banderas que no había visto antes.








 Un sucio cielo amarronado cubre los pinares segovianos, enfrente está Pedraza, al fondo las tierras de Cuellar.
 


 En el mismo lugar que la penúltima foto de la anterior visita.


 

  Y aquí, aunque no lo parezca, empieza otro camino, el de vuelta.


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Trampas nocturnas

Chotacabras europeo (Caprimulgus europaeus)

El chotacabras tiene hábitos nocturnos y por el día descansa perfectamente mimetizado. No es fácil de observar y es por ello una extraña ave desconocida para mucha gente.

 Antes de que termine el día, con las últimas luces, me sorprende uno a poca distancia. Se posa en una larga rama seca que se asoma al borde de un claro en el pinar, desde la que vuela para capturar insectos en el aire con su gran boca. La mayoría de las ocasiones se eleva hacia la punta de los árboles y vuelve a la rama al poco tiempo. Las condiciones de luz son pésimas pero finalmente me decido a intentar grabarlo en vídeo. Antes de que desaparezca consigo unas breves tomas que comparto a pesar de lo mal que se ve.



De vuelta a casa me topo con una gran telaraña atravesada en el camino. Poco ha faltado para que me la llevara puesta, y también a su dueña, ocupada en la última etapa de su construcción, en terminar la espiral de captura. Siempre sorprende la cantidad de seda que son capaces de producir en un momento. Está resultando una malla realmente densa, una trampa mortal para la pequeña fauna de la noche.
Parece una labor absorbente, al menos observarla sí lo es. Trabaja con precisión matemática. Todos hemos oído hablar de las increíbles propiedades de la seda de las arañas, más delgada que un pelo humano  pero de una enorme dureza y elasticidad que hacen que sea muy resistente. Se sabe que se trata de un líquido proteico que se solidifica justo al salir del cuerpo de la araña, un material cuya fabricación de forma artificial y rentable se persigue desde hace mucho tiempo. Sin embargo, parte de la resistencia y compacidad de la telaraña también se debe a las características geométricas de la red, todo un asombroso resultado de la evolución.



Algunas referencias:
-Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Seda_de_ara%C3%B1a
-http://ednieuw.home.xs4all.nl/Spiders/InfoNed/webthread.html
-Nonlinear material behaviour of spider silk yields robust webs. Steven W. Cranford, Anna Tarakanova, Nicola M. Pugno & Markus J. Buehler. Nature  482, 72–76 (02 February 2012).  “The superior performance of silk in webs is therefore not due merely to its exceptional ultimate strength and strain, but arises from the nonlinear response of silk threads to strain and their geometrical arrangement in a web.”

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