Comiendo pino.

5 de febrero de 2019, Sierra de Guadarrama, Madrid.

Encontrar comida bajo la nieve es un reto. Acompaño el rastro de un tejón durante algo más de un kilómetro y observo cinco puntos en los que ha excavado. En tres casos ha buscado entre los pinos nuevos que crecen en la cuneta del camino.

detalle de otra de las escarbaduras
restos de pelo al pasar una alambrada
Los días previos han sido desapacibles. Sobre el manto blanco se han depositado innumerables ramillas verdes de pino que de otra forma no serían asequibles para este corzo


Se trata de un macho que no ha cumplido todavía su primer año, ha debido perder sus cuerninas (primeras cuernas) hace muy poco. En estas fechas los adultos muestran unas cuernas en crecimiento muy desarrolladas, cubiertas del terciopelo. En el caso de estos jóvenes, sin embargo, ahora tiene lugar el desmogue y en los próximos meses crecerá su segunda cuerna, normalmente dos puntas que no serán más altas que las orejas (sobre la cuerna del corzo podéis leer algo más en esta entrada del año pasado: https://masanmar.blogspot.com/2018/03/el-descorreo-del-corzo.html).

Huella del joven corzo

Aunque las acículas pueden parecer muy poco apetecibles el corzo no es el único que las incluye en su dieta.


Como sabéis, para ello, al ser rumiantes, tanto corzos como vacas, cuentan con un complejo aparato digestivo en el que juegan un papel fundamental los microorganismos con los que mantienen una relación simbiótica de gran importancia.
.

Amuletos con mala suerte

En unos pocos pasos encuentro el suelo excavado en varios puntos, debajo de viejas boñigas, con una profundidad similar. Entre la tierra extraída se pueden ver los restos abiertos de varias pelotas de estiércol.


Parece que alguien ha estado comiendo escarabajos peloteros o estercoleros, alguien a quien se le da bien eso de excavar, con un oído y un olfato muy finos, y una activa vida nocturna. No sólo habrá dado cuenta de las larvas que crecían en las cápsulas de estiércol, sino que es posible que también de las madres que permanecían junto a las mismas cuidando de que nada interfiriera su desarrollo, como hongos, raíces, otros insectos… defenderse de los tejones está fuera de sus posibilidades.


Las bolas de estiércol aparecen partidas por la mitad, son grandes, casi 3 cm de diámetro, el interior hueco, negro y liso, imagino que contenían larvas crecidas. No tengo ni idea de a qué especie podrían pertenecer, quizás se trate de los espectaculares escarabajos estercoleros rinoceronte del género copris, especies de buen tamaño que cavan bajo las plastas y elaboran bolas-nido ovoidales, u onitis belial (incluyo foto al final) que también entierra las heces en el sitio pero al parecer les da una forma de salchicha.

Este es un copris hispanus hallado en Colmenar Viejo, en la rampa serrana. A más altitud tal vez sea más probable la especie copris lunaris, casi idéntico, de cuerno casi recto.

Como ya habéis podido deducir, las pelotas de excremento es donde depositan los huevos estos escarabajos y donde se desarrollan las larvas.


El ciclo vital de estas especies es una pieza más del pequeño “ecosistema boñiga”, el cual es especialmente rico y juega un papel relevante en la naturaleza. El empleo muy extendido en ganadería de un fármaco antiparasitario, la ivermectina, afecta a estos insectos, que se intoxican a través de las heces, y conlleva consecuencias indeseables: “… el declive en las poblaciones de estas especies que varios investigadores ya detectaron hace tiempo … supone, además de un problema para la gestión de los pastizales, una pérdida irreparable de la biodiversidad de los ecosistemas mediterráneos y una alerta sobre los efectos desconocidos, pero graves, que podríamos estar causando con la contaminación debida al abuso de productos farmacéuticos”².

Espero que el festín del tejón (o supuesto festín, aunque no creo que cavara para encontrar bolas vacías) sea indicador de una buena población de escarabajos estercoleros en la zona.


Typhaeus typhoeus, el escarabajo minotauro, también construye su madriguera bajo los excrementos pero al parecer prefiere los de ovejas, conejos y corzos, cavando galerías muy profundas, de un metro o más. En las fotos de arriba no se ven muy bien los tres cuernos que permiten identificar al macho con facilidad. En este caso se trataba de heces de ciervo seguramente y había dos agujeros recientes junto a las mismas. Debajo la foto de una hembra.


Otras especies, como seguramente habréis visto alguna vez, ruedan las pelotas a bastante distancia para enterrarlas.


Este es el escarabajo sagrado de los antiguos egipcios, scarabaeus sacer. Son fotos de hace más de 10 años en La Adrada, valle del Tietar.

 Scarabaeus laticollis, de menor tamaño que scarabaeus sacer, pero muy parecido.

Sisyphus schaefferi, el escarabajo pelotero común, también es un rodador de pelotas, aunque no creo que por castigo divino. Tiene cierta predilección por los excrementos humanos pero no desprecia heces de vacas, jabalís, corzo, liebre o incluso tejón³.
En el vídeo se ve como ha preparado una pelota con las deyecciones de algún carnívoro.


La importancia de estos coleópteros para el reciclado de los excrementos es tal que en Australia tuvieron que importarlos para limpiar aquellos terrenos en los que se acumulaban las boñigas echando a perder los pastos (la explotación ganadera era un novedad allí), y ahora un científico incluso los cría y se los vende a los ganaderos⁴.
Al enterrar el estiércol favorecen el reciclado de la materia orgánica, evitan que esos nutrientes sean lavados por la lluvia, favorecen por tanto la fertilización del suelo, y no sólo eso, también reducen la proliferación de moscas.

Escarabajo del género bubas, parece bubas bubalus.

Hay dos especies en el género bubas, bubas bison y bubas bubalus, el segundo parece ser el preferido por los australianos.

Clavado en un alambre de espino y aún vivo, un individuo de onitis belial.

Pensé que el culpable era un alcaudón común próximo. Como sabéis estos pájaros forman despensas de esta manera. Sin embargo en un foro se comentó, al respecto de observaciones similares, que los escarabajos podrían quedar clavados accidentalmente en sus rápidos vuelos.

En otra ocasión me encontré con esto:


La cabeza de una libélula ensartada en un junco, lo que parece corroborar la posibilidad de un accidente aéreo.

¹Los escarabajos sagrados eran apreciados amuletos para los antiguos egipcios.
²https://www.agenciasinc.es/Noticias/Escarabajos-zombis-por-comer-heces-con-ivermectina
³”Sobre el régimen alimenticio de Sisyphus schaefferi (Coleoptera: Scarabaeidae: Sisyphini)”
Mario Zunino. Dugesiana, Revista de entomología Vol. 24, Núm. 1 2017
https://www.farmingsecrets.com/experts/john-feehan/

El descorreo del corzo

(Actualización: os invito a la siguiente entrada sobre el crecimiento de la cuerna del corzo en este otro blog, http://elarbolquemira.blogspot.com/2018/06/corzos-el-crecimiento-de-la-cuerna-1.html. En esta nueva entrada podéis ver un macho joven recién desmogado: https://masanmar.blogspot.com/2019/02/comiendo-pino.html )

18-11-2009. Lozoya. 2000 m. de altitud.
En noviembre el corzo tira la cuerna (los adultos), ese momento se conoce como el desmogue, y enseguida empieza a crecer una nueva.

En unos tres meses se habrá completado su desarrollo, y en febrero transcurre la historia de hoy en la cual unos búhos reales hacen de protagonistas secundarios.

No es necesario que lo diga, el búho real es eminentemente nocturno, no tiene competidores en la oscuridad. Sin embargo, los observadores de aves saben que, como en otras rapaces nocturnas, su actividad no se limita a la noche y es habitual que sus cantos territoriales comiencen al caer la tarde.

Al cantar exhibe las plumas blancas de la garganta.

Un 18 de febrero, todavía faltaba casi una hora para que oscureciera, cuando un búho real apareció entre unas peñas. Las urracas empezaron el acoso a la rapaz que se pierde de vista. Al poco rato escucho dos voces, se trata de una pareja, uno vuela y se deja ver de nuevo un instante. Entonces descubro que no soy el único curioso, una corza también mira hacia donde están las rapaces. Cuando esta reanuda su camino la sigue un macho joven, un hijo de la primavera anterior. Está desarrollando su primera cuerna como tal, que no llegará a ser como la de un adulto, cubierta ahora de esa piel vellosa que llaman “terciopelo”o “borra” (podéis ver bien ese terciopelo en este viejo vídeo: https://youtu.be/mmBkBaxpn3Q ).

Mientras la hembra come de una encina, el joven se siente atraído por algo y poco después puedo ver de qué se trata. Es otro corzo que sacude con energía una escoba con la cuerna, da un par de brincos antes de acercarse a otra retama que también embiste. Está descorreando, el terciopelo se desprende a tiras y la cuerna se ve sanguinolenta. Enseguida desaparece entre unas chaparras, la hembra lo observa y el búho vuela de vuelta. Durante media hora alterno el seguimiento de las dos especies aunque los búhos apenas se dejaron ver, por desgracia los vídeos fueron meramente testimoniales dificultados por la distancia, el terreno, la vegetación y la escasez de luz al final.



En poco tiempo la cuerna estará limpia. Es una fecha temprana. Un año después, un 24 de febrero, obtengo las siguientes imágenes de otro corzo que pasta junto a un grupo de hembras. Este aún no ha descorreado pero no debe faltarle mucho, la borra se ve menos turgente, como si se estuviera secando. No presenta la punta trasera en la cuerna derecha pero no parece que vaya a crecer más.



Una hembra tal vez esté herida, presenta un llamativo pelado a lo largo de la parte posterior del espinazo y parece mostrar algo de debilidad.

Una pico menor en el barrio y otros pájaros.

Vivo en la ciudad, pero con la suerte de disfrutar de una hilera de chopos junto a la fachada norte y de un par de grandes pinos piñoneros al sur, además de mucho cielo y pequeñas zonas verdes a vista de pájaro. A mi ventana llegan los herrerillos, los carboneros y las urracas, y si dedico un poco de tiempo a buscar en los álamos, en los pinos, a mirar el cielo y los jardines, puedo localizar más aves. En diciembre el número de especies llegó a 25.

Herrerillo común
  • 1 Carbonero común
  • 2 Carbonero garrapinos
  • 3 Mosquitero común
  • 4 Urraca común
  • 5 Paloma torcaz
  • 6 Paloma doméstica
  • 7 Agateador europeo
  • 8 Mito común
  • 9 Herrerillo común
  • 10 Gorrión molinero
  • 11 Gorrión común
  • 12 Mirlo común
  • 13 Curruca cabecinegra
  • 14 Curruca capirotada
  • 15 Serín verdecillo
  • 16 Pito real
  • 17 Estornino negro
  • 18 Petirrojo europeo
  • 19 Grajilla occidental
  • 20 Gaviota sombría
  • 21 Lavandera blanca
  • 22 Pico picapinos
  • 23 Pico menor
  • 24 Cotorra argentina
  • 25 Cernícalo vulgar

No es una gran lista, no puede serlo si sólo se dispone de muy pequeños fragmentos de naturaleza domesticada a modo de muestrario de aquello que, sin ser conscientes muchas veces, echamos en falta a nuestro alrededor.

No están algunos de los habituales, como el colirrojo tizón o las abubillas que también se ven en invierno por aquí, pero creo que ha sido una cifra sobresaliente. La estrella del mes fue un pico menor (Dryobates minor). A un kilómetro y medio queda la Casa de Campo y el arroyo Meaques, donde actualmente se reproduce esta especie, así que, aunque fue una gran sorpresa, llevaba un tiempo con esperanzas de un encuentro como este. También era la primera vez para la curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala).



En el vídeo se ve al pico menor actuando como desparasitador natural. Se trata de una hembra con las partes inferiores fuertemente listadas.

Los pequeños herrerillos, los carboneros, los mitos, son los "espulgadores" habituales de esos chopos, así como de un abeto que casi se asoma a la ventana de la cocina y en el que también puedo observar de cerca a los gorriones molineros (Passer montanus) a la caza de pequeñas presas durante la temporada de cría. Me encanta tenerlos de vecinos, en estos enlaces podéis conocerlos un poco mejor: http://steppebirding.blogspot.com.es/2017/09/gorrion-molinero-el-guardian-del-frutal.html
http://steppebirding.blogspot.com.es/2017/06/gorriones-molineros-el-inesperado.html.



El hábitat urbano, el paisaje habitual para tantos humanos, ha sustituido grandes extensiones de la naturaleza original y por muy hostil que nos empeñemos que sea, sucio, tóxico, irrespirable, ruidoso, inerte y cuadriculado, tiene espacio para albergar estas pequeñas sorpresas.

El nido de los picapinos callejeros (V). Comida para los pollos.

No todos los picapinos tienen la suerte de encontrar moreras cerca de los nidos.
Me llamó la atención el aporte de moras. Estas representaron el 20% de las cebas observadas (unas 40, prácticamente todas del macho, a la hembra sólo corresponden 4-5). Se trata de un recurso fácil si están disponibles, y a diferencia de cuando se dedicaban a la captura de insectos, el tiempo entre cebas se reducía al mínimo cuando llegaba con una. Aunque en los vídeos previos hay una buena representación de todos los tipos de aportes que realizaban los padres, no me he podido resistir a editar otro más, no tan largo, con las moras como protagonistas.



Entre los insectos que podían identificarse cuando llegaban los padres destacaban las hormigas y las tijeretas. Eran frecuentes las larvas, muchas serían de hormigas pero también grandes larvas de escarabajos. Las orugas fueron muy raras.




Creo que se trata de una buena ración de larvas de insectos.
En una ocasión se distingue perfectamente una cucaracha.


Alguna araña, heterópteros, algún que otro posible capullo sedoso y de vez en cuando lo que se veía como una pasta marrón que en algún caso parecían yemas de árboles.




Este tipo de cebo fue observado varias veces y no sé de que se trata.

El nido de los picapinos callejeros (IV). La vigilancia.


Como se puede ver en las entradas previas (El nido de los picapinos callejeros (II) y El nido de los picapinos callejeros (III)) , no era del todo raro que los dos padres llegaran casi al mismo tiempo al nido, sin embargo en los últimos días se producía la situación contraria. Tras la ceba el padre o la madre aguardaban la llegada del otro desde una rama próxima. Por entonces los pollos se asomaban casi continuamente, como si les pudiera la curiosidad además del hambre, a veces sacando casi medio cuerpo. Esto hacía que fueran vulnerables a depredadores como cernícalos o, sobre todo, urracas, siempre atentas.

Un día antes de volar
En el siguiente vídeo se pueden ver algunos relevos. Para descansar mientras vigilan parecen preferir una rama horizontal, y ante posibles amenazas se colgaban debajo de la misma.



A los que paséis por aquí en estas fechas de cambio de año aprovecho para desearos lo mejor para 2018. Gracias a todos por vuestra visita.

El nido de los picapinos callejeros (III). Continua la crianza.

Si el 20 de mayo los adultos todavía entraban completamente en el nido para cebar, unos días después, el 23, las cebas se hacían desde fuera. Con dos semanas de edad, el 25 de mayo, se podía ver bien a los pollos, que casi asomaban fuera. Al menos distingo el movimiento de tres hermanos.


Precisamente el 23 registré el mayor número de cebas, 15 cebas a la hora (45 en tres horas de seguimiento), y a diferencia de otros días, la dedicación de la hembra es claramente superior a la del macho.


A pesar de realizar las grabaciones en las horas centrales de la jornada, la actividad en el nido era relativamente intensa. Es cierto que precisamente en esos momentos el número de personas en la calle era menor, lo que tal vez aprovecharan los padres para acudir más al nido. En los días finales las observaciones se hicieron poco antes del mediodía y la actividad fue menor.  La proporción de cebas más habitual es de unas 10 a la hora (9 a 11), pero los dos últimos sólo se producen unas 6 cebas a la hora.



Tratar de mantener el nido limpio también era una actividad importante, sin embargo los días previos a su abandono no observo que esta se acción se lleve a cabo. Un buen número de pollos crecidos en el interior del nido debe hacer la tarea algo dificultosa. El 28 de mayo, tres días antes de que vuelen, en más de tres horas de observación sólo retiran las heces un par de veces, y en las dos ocasiones es el macho el encargado de hacerlo. Los dos días siguientes no los veo entrar para recoger las heces, aunque fueron jornadas en que el tiempo de observación fue reducido y también adelanté el horario como ya he comentado.
.