El descorreo del corzo

18-11-2009. Lozoya. 2000 m. de altitud.
En noviembre el corzo tira la cuerna, es el desmogue, enseguida empieza a crecer una nueva.

En unos tres meses se habrá completado su desarrollo, y en febrero transcurre la historia de hoy en la cual unos búhos reales hacen de protagonistas secundarios.

No es necesario que lo diga, el búho real es eminentemente nocturno, no tiene competidores en la oscuridad. Sin embargo, los observadores de aves saben que, como en otras rapaces nocturnas, su actividad no se limita a la noche y es habitual que sus cantos territoriales comiencen al caer la tarde.

Al cantar exhibe las plumas blancas de la garganta.

Un 18 de febrero, todavía faltaba casi una hora para que oscureciera, cuando un búho real apareció entre unas peñas. Las urracas empezaron el acoso a la rapaz que se pierde de vista. Al poco rato escucho dos voces, se trata de una pareja, uno vuela y se deja ver de nuevo un instante. Entonces descubro que no soy el único curioso, una corza también mira hacia donde están las rapaces. Cuando esta reanuda su camino la sigue un macho joven, un hijo de la primavera anterior. Está desarrollando su primera cuerna como tal, que no llegará a ser como la de un adulto, cubierta ahora de esa piel vellosa que llaman “terciopelo”o “borra” (podéis verlo bien en este viejo vídeo: https://youtu.be/mmBkBaxpn3Q ).

Mientras la hembra come de una encina, el joven se siente atraído por algo y poco después puedo ver de qué se trata. Es otro corzo que sacude con energía una escoba con la cuerna, da un par de brincos antes de acercarse a otra retama que también embiste. Está descorreando, el terciopelo se desprende a tiras y la cuerna se ve sanguinolenta. Enseguida desaparece entre unas chaparras, la hembra lo observa y el búho vuela de vuelta. Durante media hora alterno el seguimiento de las dos especies aunque los búhos apenas se dejaron ver, por desgracia los vídeos fueron meramente testimoniales dificultados por la distancia, el terreno, la vegetación y la escasez de luz al final.



En poco tiempo la cuerna estará limpia. Es una fecha temprana. Un año después, un 24 de febrero, obtengo las siguientes imágenes de otro corzo que pasta junto a un grupo de hembras. Este aún no ha descorreado pero no debe faltarle mucho, la borra se ve menos turgente, como si se estuviera secando. No presenta la punta trasera en la cuerna derecha pero no parece que vaya a crecer más.



Una hembra tal vez esté herida, presenta un llamativo pelado a lo largo de la parte posterior del espinazo y parece mostrar algo de debilidad.

Una pico menor en el barrio y otros pájaros.

Vivo en la ciudad, pero con la suerte de disfrutar de una hilera de chopos junto a la fachada norte y de un par de grandes pinos piñoneros al sur, además de mucho cielo y pequeñas zonas verdes a vista de pájaro. A mi ventana llegan los herrerillos, los carboneros y las urracas, y si dedico un poco de tiempo a buscar en los álamos, en los pinos, a mirar el cielo y los jardines, puedo localizar más aves. En diciembre el número de especies llegó a 25.

Herrerillo común
  • 1 Carbonero común
  • 2 Carbonero garrapinos
  • 3 Mosquitero común
  • 4 Urraca común
  • 5 Paloma torcaz
  • 6 Paloma doméstica
  • 7 Agateador europeo
  • 8 Mito común
  • 9 Herrerillo común
  • 10 Gorrión molinero
  • 11 Gorrión común
  • 12 Mirlo común
  • 13 Curruca cabecinegra
  • 14 Curruca capirotada
  • 15 Serín verdecillo
  • 16 Pito real
  • 17 Estornino negro
  • 18 Petirrojo europeo
  • 19 Grajilla occidental
  • 20 Gaviota sombría
  • 21 Lavandera blanca
  • 22 Pico picapinos
  • 23 Pico menor
  • 24 Cotorra argentina
  • 25 Cernícalo vulgar

No es una gran lista, no puede serlo si sólo se dispone de muy pequeños fragmentos de naturaleza domesticada a modo de muestrario de aquello que, sin ser conscientes muchas veces, echamos en falta a nuestro alrededor.

No están algunos de los habituales, como el colirrojo tizón o las abubillas que también se ven en invierno por aquí, pero creo que ha sido una cifra sobresaliente. La estrella del mes fue un pico menor (Dryobates minor). A un kilómetro y medio queda la Casa de Campo y el arroyo Meaques, donde actualmente se reproduce esta especie, así que, aunque fue una gran sorpresa, llevaba un tiempo con esperanzas de un encuentro como este. También era la primera vez para la curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala).



En el vídeo se ve al pico menor actuando como desparasitador natural. Se trata de una hembra con las partes inferiores fuertemente listadas.

Los pequeños herrerillos, los carboneros, los mitos, son los "espulgadores" habituales de esos chopos, así como de un abeto que casi se asoma a la ventana de la cocina y en el que también puedo observar de cerca a los gorriones molineros (Passer montanus) a la caza de pequeñas presas durante la temporada de cría. Me encanta tenerlos de vecinos, en estos enlaces podéis conocerlos un poco mejor: http://steppebirding.blogspot.com.es/2017/09/gorrion-molinero-el-guardian-del-frutal.html
http://steppebirding.blogspot.com.es/2017/06/gorriones-molineros-el-inesperado.html.



El hábitat urbano, el paisaje habitual para tantos humanos, ha sustituido grandes extensiones de la naturaleza original y por muy hostil que nos empeñemos que sea, sucio, tóxico, irrespirable, ruidoso, inerte y cuadriculado, tiene espacio para albergar estas pequeñas sorpresas.

El nido de los picapinos callejeros (V). Comida para los pollos.

No todos los picapinos tienen la suerte de encontrar moreras cerca de los nidos.
Me llamó la atención el aporte de moras. Estas representaron el 20% de las cebas observadas (unas 40, prácticamente todas del macho, a la hembra sólo corresponden 4-5). Se trata de un recurso fácil si están disponibles, y a diferencia de cuando se dedicaban a la captura de insectos, el tiempo entre cebas se reducía al mínimo cuando llegaba con una. Aunque en los vídeos previos hay una buena representación de todos los tipos de aportes que realizaban los padres, no me he podido resistir a editar otro más, no tan largo, con las moras como protagonistas.



Entre los insectos que podían identificarse cuando llegaban los padres destacaban las hormigas y las tijeretas. Eran frecuentes las larvas, muchas serían de hormigas pero también grandes larvas de escarabajos. Las orugas fueron muy raras.




Creo que se trata de una buena ración de larvas de insectos.
En una ocasión se distingue perfectamente una cucaracha.


Alguna araña, heterópteros, algún que otro posible capullo sedoso y de vez en cuando lo que se veía como una pasta marrón que en algún caso parecían yemas de árboles.




Este tipo de cebo fue observado varias veces y no sé de que se trata.

El nido de los picapinos callejeros (IV). La vigilancia.


Como se puede ver en las entradas previas (El nido de los picapinos callejeros (II) y El nido de los picapinos callejeros (III)) , no era del todo raro que los dos padres llegaran casi al mismo tiempo al nido, sin embargo en los últimos días se producía la situación contraria. Tras la ceba el padre o la madre aguardaban la llegada del otro desde una rama próxima. Por entonces los pollos se asomaban casi continuamente, como si les pudiera la curiosidad además del hambre, a veces sacando casi medio cuerpo. Esto hacía que fueran vulnerables a depredadores como cernícalos o, sobre todo, urracas, siempre atentas.

Un día antes de volar
En el siguiente vídeo se pueden ver algunos relevos. Para descansar mientras vigilan parecen preferir una rama horizontal, y ante posibles amenazas se colgaban debajo de la misma.



A los que paséis por aquí en estas fechas de cambio de año aprovecho para desearos lo mejor para 2018. Gracias a todos por vuestra visita.

El nido de los picapinos callejeros (III). Continua la crianza.

Si el 20 de mayo los adultos todavía entraban completamente en el nido para cebar, unos días después, el 23, las cebas se hacían desde fuera. Con dos semanas de edad, el 25 de mayo, se podía ver bien a los pollos, que casi asomaban fuera. Al menos distingo el movimiento de tres hermanos.


Precisamente el 23 registré el mayor número de cebas, 15 cebas a la hora (45 en tres horas de seguimiento), y a diferencia de otros días, la dedicación de la hembra es claramente superior a la del macho.


A pesar de realizar las grabaciones en las horas centrales de la jornada, la actividad en el nido era relativamente intensa. Es cierto que precisamente en esos momentos el número de personas en la calle era menor, lo que tal vez aprovecharan los padres para acudir más al nido. En los días finales las observaciones se hicieron poco antes del mediodía y la actividad fue menor.  La proporción de cebas más habitual es de unas 10 a la hora (9 a 11), pero los dos últimos sólo se producen unas 6 cebas a la hora.



Tratar de mantener el nido limpio también era una actividad importante, sin embargo los días previos a su abandono no observo que esta se acción se lleve a cabo. Un buen número de pollos crecidos en el interior del nido debe hacer la tarea algo dificultosa. El 28 de mayo, tres días antes de que vuelen, en más de tres horas de observación sólo retiran las heces un par de veces, y en las dos ocasiones es el macho el encargado de hacerlo. Los dos días siguientes no los veo entrar para recoger las heces, aunque fueron jornadas en que el tiempo de observación fue reducido y también adelanté el horario como ya he comentado.
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El nido de los picapinos callejeros (II)

Después de 12 días observando cómo los picapinos construían su nido dejé pasar un tiempo hasta volver a vigilarlos. El 10 de mayo de nuevo me planté en la ventana e inmediatamente llegó la hembra con comida, estaban en plena crianza.


Hasta el 30 de mayo pude acudir 9 días a verlos, fueron algo menos de 20 horas de seguimiento (en directo y  también en diferido, pues mientras me sentaba a la mesa con mis padres dejaba la cámara grabando). Registré 200 cebas (202 exactamente, 95 de la hembra y 107 del macho).

El día 31 no estaban. No me quedé a ver si regresaban al agujero a pasar la noche. Cómo me hubiera gustado ver volar a los pollos. Creí que tendría oportunidad de observarlos por las ramas del chopo esperando a los padres, pero ni eso, no se los veía por ninguna parte.

Habían permanecido en el nido al menos 21 días, lo que viene a ser un tiempo normal según los datos que he consultado (18 a 24 días). Mucha casualidad me parece que mi primera visita coincidiera con su primer día. Como ya comenté, hacia el 20 de abril la hembra pasaba largos ratos descansando en el nido que ya debía estar prácticamente concluido. Al parecer la incubación dura 10 a 13 días, con lo que, tal vez, para el 24 a 27 de abril se habría completado la puesta (4-7 huevos). Es probable que la eclosión tuviera lugar algún día antes del 10 de mayo (hacia el día 7 como muy pronto).

El macho espera. Trae una ración de hormigas.
Al igual que durante la construcción del nido, había ocasiones en las que, por prudencia, los picapinos no acudían y permanecían vigilantes, ocultándose, debido a que hubiera personas cerca o, sobre todo, por la presencia de las urracas. Un día, justo después de entrar el macho a cebar con una mora, una urraca revoloteó con “malas” intenciones delante del agujero, llegó tarde. Luego el macho permaneció dentro durante casi diez minutos, se fue cuando llegó la hembra a cebar.



A pesar de lo que muestro en el vídeo, no eran tantas las ocasiones en las que macho y hembra se relevaban en la boca del nido. Con frecuencia tampoco salían tan rápidos como se ve, podían permanecer un largo rato dentro sin razón aparente.

Haciendo cola. El macho parece traer alguna tijereta.
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Los cuidados del corcino

La corza huye al detectarme. A cierta distancia, realmente lejos, empieza a ladrar, está tratando de llamar mi atención. Ha dejado a su cría o a sus crías ocultas entre el pasto, casi invisibles, ciertamente vulnerables.

25 de mayo de 2017

No muy lejos.

En la segunda mitad de junio los corcinos han crecido, su mejor estrategia defensiva sigue siendo la invisibilidad, pero ya no permanecen como en los primeros días encamados en el pasto.


Ahora acompañan a su madre, aunque esta los dejará solos durante sus escarceos amorosos y también en caso de querer atraer hacia ella la atención ante un depredador.

Esa misma tarde, en otro punto tengo la suerte de observar una corza con su cría. La madre dedica mucho tiempo a lamer al bambi, trata de conseguir que este no desprenda olores que lo delaten. En un momento dado la veo masticar tras lamerlo por detrás, es muy probable que, por la misma razón, esté comiendo las heces del corcino después de estimularlo a defecar. Mientras, el pequeño sigue dando cuenta de las hojas de un rosal.

Los observo durante una media hora, finalmente se alejan ladera arriba sin prisa. No es fácil seguirlos con la cámara entre los pinos y el vídeo no es gran cosa pero puede valer como resumen del encuentro.



Por favor, recuerda: si encuentras un bambi no lo toques. Valora la situación. Ten en cuenta que lo más probable es que no esté abandonado.