Orchis conica

3 de abril de 2010. Valle del Tietar. Ávila

Existen unas 25.000 especies de orquideas en el mundo, unas 250 en Europa y más de 150 en España. Las orquideas nos traen a la mente paisajes tropicales, selváticos, exhuberantes, y flores espectaculares, y aunque las orquideas europeas son mucho más modestas y de hábitos terrestres, siguen siendo unas flores bellísimas.

A lo largo del año normalmente son pocas las ocasiones en que puedo disfrutar de las orquideas, por lo que un encuentro con una nueva especie para mí es todo un acontecimiento. Y así fue cuando en los primeros días de abril localicé cuatro plantas de la especie Orchis conica, en una soleada ladera cubierta de monte mediterráneo en el Valle del Tietar.

Orchis conica

Orchis
es un género cuyo nombre alude a la forma de los tubérculos y significa testículo. Conica debe hacer referencia a la forma de la inflorescencia. Es una especie que prefiere suelos calizos, pero también puede aparecer en substratos un poco ácidos como en este caso. Está presente en la Penísula y Baleares, aunque su distribución parece ser mal conocida.


Las orquideas destacan por sus evolucionados sistemas de atracción de insectos, pues se sirven de estos para la polinización. En el caso de Orchis conica, la atracción seguramente la consigue gracias a la coloración y a su aspecto de flor nectarífera, pero carece de nectarios y los insectos no obtienen recompensa en su labor polinizadora. ¿No creeis que tiene un parecido razonable con la flor del romero? Y es que las orquideas son expertas en el arte del engaño.

Flor de romero

Orchis conica


De pájaros. En la nieve.

Es el título del nuevo video que podeis ver en mi canal de youtube.

Herrerillo común (Cyanistes caeruleus)

Unas pocas imágenes de otoños e inviernos de los dos últimos años. Días grises y neblinosos unos, otros brillantes, azules y blancos. De pájaros que sobreviven en una naturaleza dura.

Podeis ver, en orden de aparición: petirrojos (Erithacus rubecula), gorriones morunos (Passer hispaniolensis), arrendajo (Garrulus glandarius), zorzal charlo (Turdus viscivorus), avefría (Vanellus vanellus), herrerillo común (Cyanistes caeruleus) , reyezuelo listado (Regulus ignicapilla), curruca rabilarga (Sylvia undata), urraca (Pica pica) y gaviotas (Larus sp.).


Música de PeerGynT LoboGris (Jamendo)

Esmerejón y Culebrera

13 de abril de 2010, Madrid.

Día gris, de nuevo frío. Un esmerejón hace un alto en su viaje al norte. Ante los ojos del diminuto halcón, amarillea de jaramagos la última campiña capitalina. Imagen testimonial de un paisaje en vias de extinción.

Esmerejón en campo de jaramagos

Culebrera en atalaya de hierro

A la culebrera le toca pasar hambre en estos días de primavera fría, su especialidad son las grandes culebras y los días de sol.


Entre pinos

10 de abril de 2010, Tierra de Pinares. Segovia

El sábado me acerqué a Tierra de Pinares, en Segovia. Al amanecer estaba junto a unas lagunas, que con las lluvias de este invierno estaban muy bien de agua. Azulones, fochas, zampullines comunes y cigüeñuelas en el agua y cigüeñas blancas y un par de chorlitejos chicos en las orillas. Alrededor cornejas, estorninos, lavanderas boyeras,collalba gris, además de un milano negro que patrulló la laguna en un par de ocasiones. Pude escuchar el arrullo de las recién llegadas tórtolas comunes en un par de ocasiones y disfrutar de un colirrojo real macho, en plena migración. Un ratonero cazaba desde un sauce.

Focha común y cigüeñuela en la laguna

Luego fui con el coche hasta un río. Al igual que las lagunas y sus prados, la ribera, con sus choperas y una bella fresneda, da variedad al paisaje continuo de pinares de esta comarca, con lo que el paseo es más ameno. Por desgracia las choperas corresponden a plantaciones de turno rápido y poco más aportan al paisaje. En los pinares, la obligación de respetar algunos pies en cada corta y el abandono de algunas tierras consigue darle a estos un aire más natural.

Justo debajo de uno de esos pinos ya maduros, de copa retorcida, se acumulan unas doscientas egagrópilas. Por el número y por su tamaño y forma, seguramente se trató de un dormidero invernal de búho chico. Las egagrópilas ya están muy secas y desechas en muchos casos.

Detalle del contenido de una de las egagrópilas. Craneo de topillo.

En el camino se ven bien las huellas del tejón, hay al menos dos rastros aunque de distinto tiempo. En este suelo arenoso es fácil ver huellas, ya había visto de zorro, corzo, liebre y jabalí, pero las de tejón son mi debilidad y me detengo a fotografiarlas. También localizo algunas letrinas excavadas y algunas escarbaduras de caza del tejón, una de ellas, con la arena más fresca, al igual que uno de los rastros tienen que haber sido de esta noche.


Huella de una mano de tejón.

Los zorzales charlos vuelan por todas partes, están en plena crianza de polluelos, observo a uno con una presa en el pico que me llama la atención, diria que es una cría de lagartija, aún se mueve, aunque débil, y no me pareció una oruga gorda como pensé al principio que se trataría. Al que si pude ver dar cuenta de una oruga gordota fue al herrerillo capuchino. Un macho de curruca capirotada lleva el pico abierto sujetando una baya de muérdago y un torcecuello repite su canto desde algún punto en la orilla del río, pero no logro verle. Ya de vuelta una pareja de culebreras, águilas culebreras, planean juntas sobre los pinos, dan vueltas y cada poco tiempo dejan caer las garras y vuelven a recogerlas, no las oigo cantar, se alejan un poco, pierden altura y dejo de verlas.

Una pata en nido de milana

Madrid, 12 de abril de 2010.

El otro día revisaba algunos nidos de rapaces a lo largo de un arroyo. A distancia, con el telescopio les iba echando un vistazo. En un viejo nido de milano negro me detengo un poco más porque parece que hay algo. No siempre es fácil determinar si un nido está ocupado o no, simplemente por estar lejos para no molestar al ave, o por que además haya ramas delante. Ahora estaba viendo un pequeño bulto en el nido, pero no lo identificaba, al cabo de un rato me doy cuenta de que estoy viendo un ojo, un dato ciertamente concluyente, pero no entiendo, no me cuadra lo que veo, hasta que me doy cuenta de que es una pata, una azulona, que sorpresa.



Estos patos, los ánades azulones, son muy adaptables, pueden aparecer casi en cualquier sitio, y aunque normalmente anidan en el suelo, bien ocultos entre la vegetación, pueden hacerlo en huecos de árboles o paredes, en ventanas incluso, o en nidos de córvidos o rapaces como este caso (en la horquilla central de un fresno, a unos 8-9 metros de altura).

Ayer, día 12 de abril, casi una semana después del hallazgo, volví a visitar el nido y ahí continuaba la pata. En este caso no tengo claro que se trate de una situación ventajosa. Está a salvo de algunos depredadores terrestres pero me temo que los milanos que patrullan continuamente la ribera la tienen perfectamente localizada.

Situación del nido

En otros nidos pude observar también a los milanos en plena incubación, otros aún no. Una pareja, posados en una torreta, se habían hecho con unos plásticos, restos de bolsas. Uno de ellos llevaba un trozo grande en el pico que casi le tapaba toda la cara y volaba por detrás de él al viento, casi a modo de bufanda, el otro tenía agarrado un trozo menor con las garras. Al cabo de un minuto volaban uno detrás de otro hasta el nido. Y es que los milanos son muy aficionados a llevar "basuras" a los nidos, de hecho uno de los que acababa de visitar, al principio lo confundí con un nuevo nido de cigüeña blanca, pero lo que desde lejos me pareció el blanco plumaje de una cigüeña resultó ser una gran bolsa de plástico, detrás estaba la milana echada en el nido.

Cincidelas y otros bichos. Las carantoñas del buitre.

Bueno pequeña, me ha salido una entrada un poco larga. Va con dedicatoria, para ti, por soportarme.

8 de abril de 2010. Sierra de Guadarrama. Segovia


El jueves pasado tuve una tranquila tarde serrana, sin excesos, no creas que acabé con los pies doloridos. Hizo un día de sol, y al mediodía hacía calor. A esas horas estaban especialmente activas las cicindelas, veloces escarabajos depredadores de aspecto terrible, y también los iberodorcadion, incansables andarines que siempre parece que llegan tarde a alguna cita. Me pasé un buen rato detrás de ambos, para intentar algunas tomas, y alguna conseguí (puedes hacer click en las fotos de abajo para verlas más grandes). Con las que no tuve éxito fue con las mariposas: pavo real, olmera, c-blanca y limoneras, era la hora de "y yo con estos pelos" y sólo era posible hacer disparos de lejos y a traición (los enlaces de las fotos de mariposas no son de esa tarde).


Cicindela sp
Iberodorcadion graellsii

Para comer escogí una ladera con vistas. Nada más llegar veo un ratonero que se posa en un pino, no lejos, arranca una ramilla verde y se aleja hacia el melojar (ya sabes, un tipo de bosque de robles). Volando a poca altura sigue una vaguada y justo antes de bajar entre los árboles hace un vuelo de exhibición. La ladera no tiene árboles, está salpicada de rosales y cubierta de helechos y botoneras, un típico paisaje de orla forestal. Es el territorio de caza, y seguramente de cría, de una pareja de cernícalos, que me acompañan mientras doy cuenta de los bocatas.

Luego comienzo una caminata circular sin dificultades. Deben ser las cuatro cuando veo unos corzos que pastan entre los rosales. Salen cuatro, 3 hembras y 1 macho, y puedo verles parar no muy lejos. Al asomarme a otra ladera paro a mirar con los prismáticos unos pinos lejanos. Ahí está el buitre negro echado en el nido. Cuando visité la zona hace dos meses aún no había puesto, entonces pude ver a la pareja posada en el nido, imagino que se harían algunos cariños. Ahora supongo que se trata de la hembra incubando. Desde la pista forestal sólo es visible con los prismáticos, y no es cuestión de acercarse más, mejor lo contrario.

video
Las carantoñas del buitre.

En otro punto de la ladera, en un claro amplio, mucho más cerca de donde estoy, hay cuatro jabalís, dos adultos y dos bermejos, pastan con el sol aún muy alto de las primeras horas de la tarde. Al poco de entrar en el pinar me llama la atención otra "cincidela" que precisamente no lo es, aunque debe ser un pariente próximo (escarabajos de la familia de los carábidos). Tengo suerte de que es mucho más tranquilo que las cincidelas y aprovecho para hacer algunas fotos. Tiene unos colores brillantes, metálicos, espectaculares.

Dinodes dives gredosanus

Sigo la marcha, un corzo huye cerca, otros tres pastan a lo lejos. El calor abre las piñas y los piñones no dejan de caer todo el día. Con su vuelo espiral y errático parecen mariposillas. Hubo un momento en que me detuve, imagino que por algún pajarillo, y de pronto un "uuuuuuuuuuhhhh" largo, fuerte, cercano, me sobresalta. Pienso que debe ser un cárabo (no, no un escarabajo, sino una rapaz nocturna). El caso es que calló, y aunque busco incluso con los prismáticos, no doy con él. Son las seis.


Al atardecer llego a la ladera donde paré a comer y me siento. Los cernícalos siguen igual, cazando, y el ratonero ciclea a media altura sobre el melojar. Un zorro campea en la misma ladera, conserva todavía un bonito pelaje largo y espeso. Los buitres se dirigen al dormidero y dos cuervos vociferan en las cercanías. La temperatura ha bajado considerablemente, y aún no son las ocho, cuando otro cárabo canta hasta en tres ocasiones desde el borde del robledal. Si que estan animados pienso. Resulta un tanto insólito escuchar sus voces a la luz del día, pero no es un hecho tan raro. Una corza aparece ladrando en la pradera que tengo debajo, se me están congelando las manos y con las últimas luces, a eso de las nueve, inicio la bajada hasta el coche.