A finales de septiembre el celo de los gamos está en su apogeo y sus ronquidos se mezclan con los berridos de los ciervos. Un macho parece escoltar a una hembra mientras pastan. En un momento dado se ponen en alerta, seguramente me sintieron, han dejado de sacudir la cola y levantan la cabeza. Tratan de descubrir el peligro con sus grandes ojos y tras unos segundos deciden alejarse, despacio. La cola levantada del macho dibuja una advertencia de máxima alarma y sin embargo su afán de apareamiento puede más, casi de repente se vuelve y comienza a perseguir a la hembra. Estos días las carreras son continuas.
Avanza el otoño y la berrea del ciervo pierde intensidad, aunque mientras haya hembras receptivas seguirá escuchándose.
Las hembras adultas van acompañadas por sus crías del año. Estas, que muestran un desarrollo más o menos parejo, están iniciando el destete. Algunas, sin embargo, parecen poco más que bambis.
19 de octubre de 2015
Aunque en la foto no es posible comparar su tamaño, se aprecia perfectamente el dibujo de bambi que ya han perdido la mayoría de los chotos.
El número de crías tardías aumenta con la densidad de la población y seguramente contribuyen a prolongar la época de berrea incluso hasta el invierno.
Un mediodía sorprendo a dos ciervas con sus respectivos cervatillos disfrutando de unos baños de barro. Antes de que saque la cámara una de ellas se asusta y madre y cría se alejan. Todavía puedo tomar las siguientes imágenes:
Las acciones de caza nos subyugan. Los grandes cazadores son tótems habituales en nuestro imaginario colectivo, los admiramos. Podemos relegar con naturalidad el aspecto sangriento y cruel de la relación entre el cazador y su presa. Las víctimas forman parte de un vacío entre líneas, su visión no parece impresionarnos.
Y sin embargo, cuando de forma fortuita pones los pies en un escenario donde ha tenido lugar, una vez más, la trágica lucha por la vida y descubres la presencia de un gran cazador como el lobo, el miedo y el dolor parecen reflejarse en una expresión recreada en lo que son sólo los restos de una cacería. Y no te deja indiferente.
El jabalí tiene muy pocos enemigos y ninguno tan importante como el lobo (excluyendo a nuestra especie). Encontrar uno depredado fue encontrar una realidad hacía tiempo olvidada.
Son las ocho de la tarde, llevo varios minutos observando una corza que descansa echada. Sólo asoma la cabeza en el pasto alto. Hace mucho calor todavía y nada de aire, sacude las orejas. Diez minutos después se levanta, pasta a pocos metros en la ligera vaguada que sombrea el fresno.
En medio del prado hay un gran zarzal y dos fresnos más. En uno de ellos está el nido de las águilas calzadas que estoy vigilando, pero tan lejos que me cuesta distinguir nada a través de las ramas y la reverberación. Cuando el calor empiece a hacerse más soportable tendré mejores condiciones de visión. Mientras, paso más tiempo observando a la corza que al nido.
Media hora más tarde la corza sigue pastando, apenas se ha movido del sitio. Veo otra hembra a unos 150 metros, entonces aparece el pequeño corcino junto a la primera, justo donde estuvo echada. La madre se acerca y la cría da una corta carrera a su encuentro, se amamanta unos instantes y se separan. Una de las calzadas llega a un posadero cerca del nido, no trae nada. Veo el movimiento de los pollos, cubiertos de un plumón blanco limpio, uno de ellos aletea, ya están asomando las plumas de vuelo.
Es como un cuadro. Tengo que hacer un esfuerzo para ponerme en marcha de nuevo y dejarlo atrás. Igual que en la pintura de la imagen todo parecía estar en su sitio. Es como desear que nada cambie.
Casi es medianoche, me he detenido al asomarme a un área más aclarada, alumbro delante, a 50 metros, un tocón o una piedra no sé porqué me llama la atención,…espera, se mueve,… ¡sólo puede ser un tejón! Y ahí está, avanza con el hocico pegado al suelo, concentrado, comer es algo muy serio, hasta que encuentra una boñiga de vaca, -“oh, qué suerte”, parece pensar:
Con la noche en calma ni me ve, aunque me ha mirado un par de veces, ni me huele. Me ha oído, estoy seguro, pero tal vez mis pasos suenen igual que los del ganado, un crujido múltiple de pasto y ramillas secas, de hojarasca, y hay vacas activas cerca. El caso es que me pude acercar a pocos metros sin que se alterara su comportamiento.
Escucho claramente los resoplidos con los que limpia sus vías nasales de tierra cada vez que escarba ayudándose del morro, y también puedo ver lo que parecen algún tipo de lesiones en el cuello. Tal vez sean el resultado de viejas heridas. Los machos pueden tener fuertes disputas por el territorio y sus mordeduras son terribles, no es raro que se ocasionen importantes heridas en la grupa y el cuello. Tras la cicatrización la piel queda muy engrosada e inelástica, lo cual por otra parte les confiere mayor protección en las siguientes disputas (http://www.badgerland.co.uk/help/emergency/treatment.html).
Su actividad durante la media hora que duró la observación se resume fácilmente: una continua búsqueda olfateando el terreno, moviéndose de forma imprevisible, parando a escarbar cada pocos metros y así conseguir algún pequeño bocado.
Al final empezó a mosquearse, puede que no viera normal que “una vaca” lo siguiera a todas partes. Fue el momento de separarnos. No podía pedir más. Tres horas antes, en la atardecida, un precioso y sigiloso gato montes cruzaba a pocos metros sorprendiéndome cuando llevaba poco tiempo de espera, y ahora, cuando estaba terminando mi día de campo, aparecía el tejón.
El de la foto no creo que sea el mismo gato de este día, pero tampoco estaba muy lejos.
Ocurre alguna vez, en los cálidos días de junio, que de repente el suelo se mueve a tus pies, todo el suelo por un momento es confusión. Y entonces la madre patirroja se delata, finge ser una presa fácil. Está tan cerca, no quedas indiferente ante su valentía.
Más habitual será observarlas en un camino o a campo abierto, a uno de los padres, o a los dos, guiando a los perdigones por lindes y barbechos. Hasta quince pollos cuento este día, ya están emplumando, son capaces de dar vuelos cortos.
Todo un éxito. Sé bien que no les faltan peligros en este paraje: aguiluchos, milanos, urracas, gatos, perros, zorros, ratas, erizos, y algunos más que me dejaré.
Sin embargo es el hombre el principal enemigo de la especie. La intensificación de la agricultura, las lindes recomidas por el tractor hasta desaparecer y el uso de herbicidas e insecticidas, al fin y al cabo venenos autorizados, acaba con la fauna de las tierras agrícolas. La mala gestión cinegética, el exceso de caza, las sueltas masivas de perdices de granja, tampoco ayudan.
Qué diferente es la situación para el jabalí. Otro día una piara pasa la tarde en el arroyo, parece una gran familia. He llegado hasta la orilla antes de verlos y se mueven indolentes a muy pocos metros. Una madre abandona su baño de barro y cruzan el arroyo como única muestra de prudencia, los voy perdiendo de vista poco a poco. Es curioso, mientras atraviesan la corriente los rayones aprovechan para evacuar. Tal vez un modo de no dejar rastros a posibles depredadores.
Acaba de anochecer y, mientras como algo al borde del camino, escucho el canto de los chotacabras. Hay dos especies de chotacabras en España, el cuellirrojo y el gris, y ambos mezclan sus cantos en este momento. Sus siluetas en vuelo pasan sobre mí en alguna ocasión. Entonces unas pequeñas sombras aparecen por el camino, creo que son gazapos, pero cuando observo al primero a la luz de la linterna, me doy cuenta que no. Tras él viene el hermano, juntan los hocicos un momento antes de darse cuenta de que los observan. Me acerco, tengo la confianza de que no van a ir muy lejos.
30 de mayo de 2015
Son dos lebratos, que al sentir mi presencia tratan de ocultarse encamándose. Inocentes e indefensos, podría haberlos atrapado sin problema. Son muchos sus enemigos y su mortalidad es alta, bastante miedo pasaron mientras los observaba como para encima estar tocándolos. Además manipularlos, al igual que en el caso de los bambis, podría ocasionar que la madre los rechace y todavía son lactantes, o que algunos depredadores de buen olfato los descubran con más facilidad.
De fondo la vibración continua del chotacabras gris y el golpeteo repetido del cuellirrojo. Es posible que tengáis que subir el audio para escucharlos.
Otra tarde, en lo alto de la sierra madrileña, son dos los lagartos que parecen espiarme ocultos bajo una piedra.
12 de mayo de 2015
Son lagartos verdinegros, verdaderas joyas de las montañas ibéricas. Es época de amores y esto me permite ver al macho y la hembra juntos.
Cuando paso a la vuelta siguen bajo la misma piedra. Los machos en celo muestran ese vistoso color azul en la cabeza.
De dos en dos se cuentan muchos de los protagonistas de estos días de primavera
Eurydema ornata
Eurydema ornata, se trata de una especie de chinches de escudo de vistoso diseño. No es un insecto escaso y en ocasiones puede convertirse en plaga de cultivos.
Nemoptera bipennis
Nemoptera bipennis, llamados duendes, son unos espectaculares insectos de aspecto delicado. En el vídeo que sigue podéis ver dos, pero al principio eran tres, dándose un banquete de polen en las flores de una siempreviva.
A pesar de lo llamativo que resultan son unos prodigios en el camuflaje. Como último recurso en caso de peligro, levanta sus dos apéndices alares, esos que le dan un aire tan elegante, y los ofrece al depredador como cebo para que éste no dañe sus partes vitales.
Se cree que las hormigas confunden los huevos de esta especie con semillas y se los llevan a los hormigueros. Son como caballos de Troya. Las larvas de los duendes se alimentan de larvas de hormigas. (Lo que os cuento de las nemopteras lo he aprendido en este enlace y en la entrevista que incluye y que recomiendo: http://cienciaes.com/entrevistas/2011/06/03/las-intimidades-de-la-nemoptera-hablamos-con-victor-monserrat/)
10 de junio de 2015
Una tarde de tormenta tres fueron los pollos de perdiz que aparecieron en el camino, demasiado confiados, realmente pequeños. La madre invisible entre el alto y basto pasto, espero que con algunos hermanos más. Antes de empezar a grabarlos mostraron algún momento de inseguridad, como cuando, en medio del camino, los tres se juntaron cola con cola vigilando en todas las direcciones. Tal vez por un aviso de peligro del adulto. Fue una curiosa escena.
Los pollos de perdiz abandonan el nido nada más eclosionar. Los padres los enseñan a buscar que comer, y aprenden rápido.
Llevo media hora de espera desde un alto cuando escucho unos gritos. Giro la cabeza y veo con sorpresa una zorra y sus tres cachorros. Estos, hambrientos, hociquean la boca del adulto y parecen lamer sus comisuras, o bien se agachan buscando las tetillas de la madre. Esta se esfuerza por no regurgitar, me ha visto, teme por las crías. Finalmente se aleja con ellas sendero abajo, de alguna manera los zorrillos habrán entendido que había que partir. Menos de diez minutos después los observo fugazmente entre las encinas, lejos, en un punto donde recuerdo haber visto unas madrigueras a las que tal vez ahora acudan.
Mayo es tiempo de polluelos y cachorros, de campos en flor, de explosión de colores, de amores y de peligros.
Un día una pareja de currucas cabecinegras revuelan alarmadas, imagino que el nido estará cerca. Acuden una y otra vez al mismo punto, a escasos tres metros de mí, pero ahí no puede estar el nido, en el pasto alto bajo un rosal. Al acercarme descubro un torpe volantón que trata de ponerse a salvo.
Al día siguiente, en la sierra, un arrendajo llega a unos robles próximos, carga algo en el pico. Me cuesta verlo bien. Lo sujeta en una rama con las garras y comienza a despedazarlo, es un desnudo polluelo, el sangriento almuerzo del bello córvido. Cuántas veces por estas fechas los he observado revisando minuciosos las copas de los árboles en busca de los nidos.
La imagen del zorro cruzando la pradera cuajada de viboreras en flor me hipnotiza, pasa delante de mi sin percatarse, igual que la corza que observo durante más de media hora. Se acerca, se aleja, vuelve, come aquí y allí, y posiblemente no se alejará mucho de la zona sobre todo una vez que haya parido. En ese caso el corcino o los corcinos pasarán los primeros días encamados, inmóviles, entre el pasto, como estos que tuve entre mis botas el pasado 27 de mayo, nacidos en Madrid.
Como sabéis el corzo ha experimentado un gran aumento de su población y sí, los hay en los campos de la capital.
Me agacho para verlo bien, pues pensé en la posibilidad de que estuviera muerto, pero no, abría y cerraba los ojos con normalidad.
Este es el hermano, encamado a un par de metros.
Las crías nacen desvalidas y durante los primeros días esperan ocultas entre la vegetación la llegada de la madre para alimentarse y ser aseadas.
Volantón de alcaudón real. 21 de mayo de 2015. Estas aves normalmente sólo crían una vez al año, y en estos últimos días de mayo coinciden los primeros vuelos de muchos de ellos. Todavía dependerán de sus padres unas semanas más. Son cazadores, y no sólo de insectos o invertebrados, también de lagartijas, roedores y pajarillos.
Lagarto ocelado. Un gran macho.
Esta hembra estaba junto al anterior.
Otra pareja.
Es tiempo de amores para los lagartos ocelados. Su papel depredador es similar al del alcaudón real, caza invertebrados y pequeños vertebrados (polluelos por ejemplo y también huevos), papel que como hemos visto comparte el arrendajo. Son los peligros que afrontan multitud de pequeños seres en la primavera, incluidos ellos mismos, pues una cría de lagarto puede ser capturada por un alcaudón por ejemplo. Ahora, el ardor sexual de los ocelados, también los convierte en presas más fáciles para las rapaces y por su parte, los arrendajos, los jóvenes y los no tan jóvenes, entran en el menú habitual de una de las rapaces forestales más emblemáticas, los azores (el de la urraca es un papel similar y sus pollos volantones, además de acabar unos cuantos atropellados en las carreteras como vemos estos días, son presa de azores y águilas calzadas que tienen que saciar el apetito de los suyos).
Melitaea phoebe, la cara y la cruz, y la araña entre las dos, 14 de mayo de 2014. Esta mariposa es aún abundante. Ese día, en pocos metros pude ver un buen número, sus danzas y los acercamientos a las hembras. Encuentro una que ha sido víctima mortal de una araña cangrejo (parece del género Xysticus, tal vez xysticus cristatus), otra se posa al lado y la araña extiende sus patas, más parece querer retirar a la nueve visitante que hacerse con ella.
Aculepeira armida. El año pasado me llamó la atención su abundancia. Cuántas telas me debí llevar por delante cruzando los prados no comidos. Este año sin embargo no he visto tantas.
Música de Galdson (Vicente Orjales Galdo), tema “Oxiledes” (https://www.jamendo.com/es/list/a119180/musical-landscapes)