El nido de los picapinos callejeros (I)



Ahora, a primeros de mayo, mis vecinos los picapinos es posible que estén en el nido, pueden llevar días incubando, tal vez en uno de los periodos más delicados del año, ese que transcurre entre los últimos momentos previos a la eclosión y los primeros días de vida de los pollos tras esta.

En marzo, entre el  9 y el 13, se los podía ver trabajando duro en uno de los chopos enfrente de la cocina, en la base de un tocón seco resultante de una antigua poda. Era una suerte, aunque estaba claro que cuando salieran las hojas no iba a quedar a la vista, sin embargo tras esos días dejaron de aparecer por allí.



En abril escucho fuertes picotazos en la zona, pensé que estarían dentro del agujero, que habrían seguido picando sin que los viera, pero el 11 de abril descubro que trabajan en el siguiente chopo de la hilera y a tan solo unos tres metros de altura, a la vista de todo el mundo. Este segundo intento parece terminar igual que el primero. Después del 15 de abril no vuelvo a verlos. Estarán en otro nido alternativo.



El año pasado pude observar a otra pareja de picapinos, en este caso vecinos de mis padres, construir el nido y sacar adelante a los pollos. Estaban en plena calle, en un chopo maduro, ligeramente decadente, en una de las ramas principales del árbol, a unos seis o siete metros de alto.


La rama no sube vertical como pueda parecer en la imagen, está inclinada y el nido queda en un extraplomo orientado a la calzada, al este, más protegido así de la lluvia y los depredadores.

Mientras trabajan no dejan de vigilar, es común que las aves no quieran delatar la ubicación del nido en el que se afanan, es una medida de seguridad básica, aparte de que tienen que evitar ser capturados mientras están en la labor. En cuanto aparecían las urracas se escondían en el lado opuesto de la rama o volaban a otras desde las que esperaban vigilantes. Si estimaban que una persona que se acercara podía ser una amenaza también se retiraban con disimulo.

A veces parecían mantener el contacto mediante llamadas, siempre sabían si su pareja estaba próximo o cuándo esta llegaba al árbol tras una ausencia.

Macho arriba y debajo la hembra, un sencillo juego de las diferencias.
A la semana veo al macho trabajando desde el interior. La hembra pasa mucho tiempo descansando, ya el 12 de abril la observaba mucho tiempo quieta junto al nido, otros días curioseaba desde dentro asomando la cabeza continuamente. En los dos últimos días de vigilancia sólo pude ver al macho trabajando y el último día, 20 de abril, el tiempo que observé a la hembra lo pasó dentro del agujero, descansando y cuidando sus plumas, debía estar muy cerca el momento de la puesta.

El diez de mayo, veinte días después, cuando retomé la vigilancia, ya estaban ocupados con las cebas, pero esa será otra historia.




A continuación podéis ver dos vídeos, uno es un resumen muy resumido, a modo de simulación, de minuto y medio y otro de nueve minutos y medio, en orden cronológico, que me queda como recuerdo, igual que los originales, en los cuales se conservan las charlas de esos días en casa de mis padres “-mira, ya ha vuelto… … -es el macho, ves que tiene rojo en la cabeza… -mierda, sale la hembra y la cámara no enfoca… - la comida está lista, que se enfría… -pues sí son bonitos…”





En la sierra el calendario reproductor se retrasa. Otro 20 de abril, un año antes, observaba a una hembra preparando un agujero en un roble. El material extraído es muy diferente a la blanca viruta del chopo, podría ser que estuviera limpiando un viejo nido.


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2 comentarios:

  1. Buenas fotos y vídeos de este precioso pícido. Me ha gustado mucho tu blog, ya tienes un nuevo seguidor desde Cantabria. Saludos.

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    1. Gracias Germán, para fotos buenas las de tu blog. Saludos
      Miguel Ángel Sánchez

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