
El mastuerzo menor (Cardamine hirsuta). Es una plantita abundante, una de esas pequeñas flores de nuestros campos -y ciudades- que yo llamo invisibles. Semanas antes de la explosión de color de la primavera, podremos ver sus diminutas flores, discretísimas, pero a finales de abril, en plena primavera, la cardamine quedará oculta en el herbazal.
Pertenece a la familia de las crucíferas. Creo que este nombre viene de los cuatro pétalos que presentan normálmente extendidos en cruz.
Los frutos de las crucíferas también son característicos de esta familia. En este caso reciben el nombre de silicua, por ser más de tres veces más largo que ancho. Si no superan esa proporción se denominan silículas.


Las semillas salen disparadas por un enrrollamiento repentino de las valvas del fruto desde la base. En este caso, el mecanismo de dispersión se denomina autocoria, por no depender del viento, o de los animales, y tratarse de una acción activa por parte de la planta.
Inmerso en la primavera, para encontrarla no basta con bajar la vista, hay que agacharse, y mientras estás pendiente de una flor y otra, o un insecto, o una araña, la descubres, la recuerdas, acercas los dedos, bastará un roce para que los frutos maduros se abran, las semillas salen disparadas y te golpean con energía en la cara, es toda una sorpresa y pasas los dedos por la planta de al lado y buscas otras, y se repite la acción, una de las valvas de la silicua se separa bruscamente, las semillas saltan y vuelven a golpearte, una curiosa sensación. Es evidente que se trata de un mecanismo de dispersión de semillas, estas saltaran con cualquier roce, el paso de un conejo, o incluso la llegada de un pajarillo dispuesto a dar buena cuenta de ellas, las semillas tampoco es que vayan muy lejos -desde nuestro punto de vista-, quedarán dispersas alrededor, este hecho, unido a la gran cantidad de semillas producidas, será lo que las salve y las facilite un futuro exitoso, es de suponer que los pajarillos no darán con todas, los verdecillos, pardillos, jilgueros, pinzones, escribanos.
Al mismo género pertenece el Berro de prado, Cardamine pratensis, mucho menos discreta, con flores de un delicado color rosa. Estas las encontré en una zona de pasto de montaña encharcado.


Entre las plantas existen múltiples estrategias para la dispersión de las semillas, podéis leer más aquí, en un blog interesantísimo, y hay otras especies que también expulsan con fuerza sus semillas, la más conocida es el pepinillo del diablo, podéis verlo aquí en acción.